El cine norteamericano no solo son los filmes producidos en locaciones estadounidenses, sino aquellos que también tratan temas relacionados con la realidad de los Estado Unidos, con sus valores y modelos de vida propuestos. En las últimas seis décadas las películas producidas en los Estados Unidos, o sobre los Estados Unidos, marcan y reflejan la vida de ese país de diversas formas estéticas.
A mediados de los años cincuenta, inicio de los sesenta y entrados los años setenta, películas iconográficas expresan las propuestas existenciales del cine norteamericano y que constituyen paradigmas ideológicos de las forma de vida que ese país sugiere al resto del mundo.
A modo de ejemplo tres películas muy simbólicas del cine estadounidense marcaron la huella de un cine sugestivo e influyente en la cultura de masas de los países donde EE.UU ejerce influjo cultural.
A mediados de la década de los cincuenta, en plena guerra fría contra el comunismo y en el seno de una sociedad norteamericana agobiada por el impacto de la segunda guerra mundial y la conflagración de Corea, surge la necesidad de mostrar a una juventud en rebeldía con su entorno social y familiar. Rebelde sin causa (título original: Rebel Without a Cause) es una película dramática estadounidense de 1955 dirigida por Nicholas Ray y protagonizada por James Dean, Natalie Wood, Sal Mineo, Jim Backus, Ann Doran y Corey Allen que cumple ese rol cultural. La obra cuenta la historia de un adolescente rebelde, recién llegado a Los Ángeles. Allí conoce a una chica, desobedece a sus padres y desafía a los líderes de la pandilla del instituto local. La película revela a un joven inadaptado, que se mete en problema tras problema, buscando encajar y haciéndole frente a los adultos y sus estructuras. Pero a pesar de esta rebeldía, Jim se revela como un muchacho sensible, un amigo leal, capaz de arriesgarlo todo por aquellos a quien quiere. En 1990, la película fue considerada «cultural, histórica y estéticamente significativa» por la Biblioteca del Congreso de los EE.UU y seleccionada para su preservación en el National Film Registry.
En los años sesenta, época de cambios políticos y culturales, una sociedad norteamericana marcada por el rechazo a la guerra de Vietnam, la adopción de valores pacifistas y estéticos románticos, surge Easy Rider una película independiente del subgénero road movie de 1969, dirigida por Dennis Hopper e interpretada por él mismo con Peter Fonda y Jack Nicholson como actores principales. Está inspirada en la película italiana La escapada, de 1962. Ganadora de numerosos premios y candidata a otros muchos, la película Easy Rider es considerada un hito de la contracultura de 1960 y un paradigma fundamental en la historia del cine de su país y del mundo. Es una de las precursoras de la producción independiente, y muestra dos jóvenes que se embarcan en un viaje cruzando el suroeste y sur de los EE.UU, con el objetivo de asistir al carnaval Mardi Gras. Para financiar su viaje, se sirven del tráfico de cocaína en la frontera con México. Con sus motocicletas emprenden un viaje en el que conocen diversas caras de la sociedad estadounidense que acaba exterminándolos. Una clara alusión al mundo hippie y su marginalidad original, antes de ser parte del modo de vida de gran parte de la juventud norteamericana de los sesenta.
A finales de los setenta, Fiebre del sábado por la noche es una película estadounidense producida en 1977, dirigida por John Badham y protagonizada por John Travolta y Karen Lynn Gorney en los papeles principales. El guion está basado en un artículo publicado el año anterior en la revista New Work Magazine titulado «Ritos tribales del nuevo sábado en la noche». Tony Mancero es un muchacho neoyorquino ítalo estadounidense que tiene un trabajo intrascendente como dependiente de una tienda de pinturas, pero su vida cambia los sábados por la noche bailando en la discoteca Odisea 2001, donde es una estrella. Esta película no sólo fue un éxito en taquilla, sino que impulsó el movimiento Disco por todo el mundo, convirtiéndose en un fenómeno sociocultural que cambió drásticamente el estilo de vida por aquella época. En la película se sugiere un estilo diferente de vivir la vida a través de temas de la cultura Disco, como la forma de vestir (uso de plataformas, camisas de cuello en V, pantalones de campana) y el baile, influenciando enormemente a la generación de los 70. La propuesta es clara: El retorno a la década de los 50 para emular la Guerra Fría, época en que los EE.UU ejercieron una evidente hegemonía politica mundial.
Si hasta hace algunas décadas, desde los años cincuenta, el cine norteamericano imponía la realidad, propiciaba paradigmas, modelos de juventud, formas de vida, etc. Hoy día es la realidad la que propone el tipo de cine que los estadounidenses deben aceptar y galardonar.
Los premios Óscar 2019, reflejan la realidad politica que enfrenta EE.UU en la actualidad marcada por un evidente conservadurismo político y social impuesto desde las estructuras de poder; y el racismo y la xenofobia, como formas de enfrentar las olas migratorias que todavía se enfilan hacia ese país.
La 91 versión de los premios Oscar es una muestra de las inquietudes del cine norteamericano en la actualidad. La necesidad de conjurar la exclusión social, étnica y sexual imperante en las politicas oficiales de los EE.UU, vienen dando el resultado como ganadores a diversos filmes que compiten en los Óscar que, de uno u otro modo cuestionan dichas tendencia ideológicas que pretenden imponerse en los Estados Unidos desde las esferas del poder como paradigma cultural. Tal fue el caso de la película chilena Una mujer Fantástica, protagonizada por un transexual y que ganó el Óscar a la Mejor Pelicula Extranjera hace un par de años.
Green Book, el filme dirigido por Peter Farrelly, un filme que toca la fibra antirracista, se alzó con el premio a la mejor película del año en la 91ª edición de los Oscar imponiéndose así a la gran favorita, ROMA del mexicano Alfonso Cuarón, otro filme “social” que se constituye en un alegato por los derechos laborales de los trabajadoras domésticas. El filme del cineasta mexicano se llevó tres premios: mejor dirección, mejor fotografía y mejor película de habla no inglesa. Idéntico botín tuvo ‘Green Book’, que se hizo, además de con el premio a la mejor película, con el Oscar al mejor actor de reparto y el Oscar al mejor guión original. La otra gran triunfadora de la noche fue Bohemian Rhapsody, el biopic de Freddie Mercury, que se llevó cuatro Oscar: al mejor montaje, a la mejor edición de sonido, a la mejor mezcla de sonido y el de mejor actor protagonista para Rami Malek. Otros premios fueron para Green Book en Mejor Guion; Black Panter en Mejor Fotografía; Bohemian Rhapsody como Mejor Montaje y Mezcla de Sonido y la favorita Roma que se llevó la estatuilla como Mejor Pelicula Extranjera con Yelitza Aparicio, la primera indígena en optar a los galardones de la Academia de Hollywood. Musicalmente el premio a la mejor canción fue para Shallow, el tema central del remake de Ha nacido una estrella filme protagonizado por Lady Gaga y coprotagonizado y dirigido por Bradley Cooper.
Bueno sería que estas manifestaciones culturales que se expresan en el cine que hoy privilegia la Academia en los EE.UU influyan en la realidad de los necesarios cambios políticos e ideológicos que esa sociedad reclama y que dichas propuestas no queden solo a nivel de expresiones estéticas del cine. En todo caso, el cine norteamericano es cuna y tumba de formas culturales que, en ciertas épocas, se imponen en la cultura de masas. Un hibrido que a su vez propone y refleja ciertas formas de vida sugeridas para vivirlas bajo la luz de una realidad que resulta siempre más atractiva e insinuante que la propia fantasía.



