Mientras las iglesias reciben fieles que buscan ver el nacimiento del niño Jesús, en los portales de templos y capillas la pobreza nace y crece día a día. El papa Francisco, lider de la iglesia católica, pidió por estas fechas «no mundanizar la Navidad con el consumismo y el individualismo e hizo un llamamiento a la generosidad para que las personas ayuden a los pobres”. La Navidad es la fecha cuando los contrastes entre los que tienen y los que nada tienen, se vuelven más odiosos. Las calles del país muestran estos contrastes con personas que hacen compras navideñas en los centros comerciales y personas que sentados en el suelo estiran la mano en las afueras de esos centros para recibir una limosna.
Calles como la Avenida 10 de agosto, la principal de la capital, es escenario del “comercio informal” que camufla la indigencia de miles de ecuatorianos y extranjeros que venden cualquier chuchería, o simplemente piden que “de caridad” les compren un caramelo o un esfero. Los buses de todo el país, principalmente de Quito, los sistemas municipales de transporte y el trole, son mercados ambulantes con presencia ininterrumpida de vendedores, lisiados y venezolanos que suplican una ayuda económica a los pasajeros. El clima frío de la capital en esta época del año en la sierra, contribuye a una atmósfera deprimente en Quito convertida en una ciudad irreconocible por el grado de deterioro urbano y social que se vive.
Esta realidad protagonizada por quienes habitamos en “la carita de Dios” se refleja también en los datos estadísticos oficiales del Instituto de Estadísticas y Censos, INEC, cuyas cifras hablan por sí mismas: entre diciembre de 2017 y junio de 2018 la pobreza por ingresos pasó de 21,5% a 24,5%, mientras que la pobreza extrema registró un aumento de 7,9% a 9%. Las ciudades que presentaron mayores variaciones en los niveles de pobreza por ingresos fueron Quito, que subió del de 7,8% a 12,8%, índice más alto registrado desde diciembre del 2007. Y Cuenca, que bajó del 7,8% a 2,8. Así mismo, la capital es la que presenta mayor tasa de pobreza extrema, con un 4,6%, mientras que Cuenca presenta la menor, con un 0,2%.
Según la metodología empleada en la investigación del INEC, “una persona es pobre si percibe un ingreso familiar per cápita menor a 84,72 dólares mensuales y que se encuentra en pobreza extrema cuando gana menos de 47,74 dólares”. El problema de “la pobreza en Ecuador no mejora a nivel nacional”. Hasta el mes de junio del 2018, la pobreza se ubicaba en 24,5% , mientras que la pobreza extrema se ubicaba en el 9%. Esto significa 1,4 puntos más respecto a junio del 2017, cuando llegó a 23,1%, es decir, hay un aumento significativo de pobreza en el país bajo el actual régimen.
Cuenca es la ciudad austral donde la pobreza disminuye, mientras que en Guayaquil, Machala y Ambato también se experimenta una ligera reducción. No obstante, en las zonas rurales, la pobreza es diferente; el indicador de pobreza se triplica en relación a las ciudades donde -según el INEC- la pobreza en el área rural alcanzó el 43% en junio del 2018.
Como un dato complementario se registra que un 70,5% de la población de Ecuador, con unos 16,8 millones de habitantes, está en edad de trabajar, y de ese porcentaje un 66,4% se encuentra económicamente activa, es decir, tiene trabajo o busca empleo. Una cifra alarmante es que el 9% de los ecuatorianos sobrevive con menos de 50 dolares mensuales, según INEC.
Consultados en las calles, los habitantes de Quito dan respuestas contradictorias. Por una parte hay la queja generalizada por la falta de empleo, escases de dinero circulante, bajos salarios e inseguridad laboral; mientras que otros reconocen que “la Navidad es una fiesta familiar que hay que celebrarla, pese a todo”. Y para cumplir esa aspiración reconocen estar dispuestos a endeudarse y pagar desde febrero, según las condiciones que otorgan los sistemas de crédito.
Cierto es que el clima social del país en esta Navidad es distinto al de otros años, cuando la bonanza petrolera, la inversión del Estado en programas sociales y la actitud de emprendimiento, se mantenían al tope como banderas de una causa con una mayor esperanza de vida y del buen vivir.



