Se demoró mucho y por eso Xavier Lasso pidió disculpas, luego de la crónica de una renuncia anunciada que estampó en una carta abierta en la que acusa de manejos arbitrarios a los directivos de los medios públicos. “Ofrezco también disculpas porque quizá me quedé demasiado tiempo en ese escenario, creí́, hasta ingenuamente, que defender un espacio era lo correcto”, manifestó Lasso al tenor de su renuncia.
“Un pasar sin matices y repleto de mentiras viene caracterizando a la acción de este gobierno en general”, comienza Lasso la misiva en la que enfila los dardos contra Andrés Michelena “personaje gris, cínico —fue muchos años funcionario segundón de Fernando Alvarado— lidera la fabrica de mentiras”. Michelena y la gerenta, Marta Moncayo, puesta ahí por él, y que debe subir a cada rato al cuarto piso, a la SECOM, han venido censurando a distintos pensadores en el diario El Telégrafo, según Lasso al que le han censurado varios textos en El Telégrafo: «el martes 9 de octubre, cuando envié otra opinión, Plausible defensa de las audiencias y por orden, otra vez, de esa señora Moncayo no se publicó. Nadie me dio explicación, no pudieron darla porque no tienen argumentos”.
Ellos se metieron en un laberinto, producto de su perversa visión de los medios públicos, afirma Lasso. Es que ya prácticamente no los necesitan: Ecuavisa, Teleamazonas, El Comercio, El Universo, los acorazados, están con ellos y callan, sostiene el comunicador. Lasso acusa que “Michelena en el fondo se ha dado a la tarea —quién sabe si por instrucción del propio Moreno, el presidente que no sabe por qué está en Carondelet— de acabar con este esfuerzo colectivo de intentar otra narración de la realidad social del Ecuador.
Acto seguido responsabiliza al presidente Moreno que sostiene a ese universo de personajes muy rastreros que han venido dañando a los medios públicos: “Moreno, con un trato muy coloquial a Michelena, no son publicables las expresiones que usa cuando se dirige a él, solo puedo decir que son enfermizas por machistas, misóginas, homofóbicas, lo peor, terminará por acabar con los medios públicos, otro sueño “faraónico de Correa”, y entonces su relación con la derecha será total, ridículamente subordinada”.
En su carta Lasso augura un cambio de la actual situación en tono amargo y decepcionado: “Ya asistiremos a otra hora porque, otra vez, nada dura para siempre, menos Moreno y su séquito de coristas que hoy repiten un discurso que no está con la historia. Ésta, la historia, como los ríos, tiene vericuetos, a veces tarda, pero siempre llega, llegará”.
La carta no sorprende en sus términos directos y claros. La situación de Lasso se había vuelto insostenible en los medios públicos en los que se amordazó su opinión, como a los colegas Orlando Pérez, Carlos Rabascall y Juan Paz y Miño, voces preclaras en medio de una oscuridad mediática, bajo una persistente opacidad de la realidad nacional.



