Ambos emblemas -ecuatoriano y venezolano- evocan un pasado de amistad común, cuando sus banderas flameaban unidas por la fraternidad de sus pueblos. La historia de las relaciones entre la dos naciones se ha decantado con diversos hitos en el pasado, cuyos lazos diplomáticos se remontan a la colonización española con la independencia ambos países unidos por el espíritu bolivariano, bajo la égida de la Gran Colombia junto con el Virreinato de Nueva Granada. A la disolución de la Gran Colombia, las relaciones ecuatoriano venezolanas encaminaron por un cauce de entendimiento diplomático de buenos acuerdos, con el fin de solventar las deudas originadas por la alianza gran colombiana y establecer relaciones diplomáticas futuras. Esa fue la tarea encomendada al ministro plenipotenciario ecuatoriano, Pedro Gual Escandón, enviado a Caracas en agosto de 1852. A partir de entonces, las relaciones se mantienen cordiales y entran en un período estable desde 1910 y 1963, con dos incidentes diplomáticos ocurridos en 1928 y 1955. Ecuador y Venezuela, luego de ello, fortalecen lazos políticos, diplomáticos y militares.
En tiempos recientes, Ecuador se une oficialmente a la Alianza Bolivariana para las Américas, iniciativa de cooperación venezolana, en junio de 2009; y en marzo del 2010, ambas naciones anuncian la implementación de proyectos conjuntos en materia petrolera y gas. En ese mismo contexto, nuestro país recibe apoyo venezolano para la creación de la cadena de televisión Ecuador TV. Era una amistad emprendida ante un horizonte común: las perspectivas creadas por el “socialismo del siglo XXI”, en las que ambas naciones se enrumban en la década pasada y fortalecen lazos de amistad y mutua colaboración entre los regímenes de Rafael Correa y Hugo Chávez.
Cambia, todo cambia, y esos gobiernos ya no existen. Un giro en la política exterior del nuevo gobierno ecuatoriano de Lenin Moreno marca el derrotero de una bifurcación en las relaciones ecuatoriano venezolanas. Ecuador inicia una ambigua postura frente a la situación de Venezuela, que va incrementando un paulatino desalineamiento de los principios que otrora uniera la política exterior de ambas naciones. Venezuela se encamina en una crisis económica interna sin precedentes, provocada por el bloqueo y aislamiento de que es objeto en la región y la emigración de venezolanos inunda América Latina con predominancia en Ecuador, Colombia, Perú y Chile.
En ese contexto el presidente Lenin Moreno -en reciente discurso ante el foro de la ONU- manifestó cifras migratorias que no son del agrado del gobierno venezolano. El ministro de Comunicación de Venezuela, Jorge Rodríguez, calificó de «mentiroso» al presidente Lenin Moreno por pedir en la Asamblea General de la ONU «una acción continental» para los problemas de ese país, que han derivado en la migración de venezolanos en la región. Al ministro molestó que el mandatario diga que Ecuador recibe «diariamente al menos 6.000 hermanos venezolanos» y que «los niños llegan con sarampión, difteria y poliomielitis».
La respuesta diplomática del gobierno ecuatoriano fue la inmediata expulsión de la embajadora venezolana acreditada en Quito, “por las criticas del Ministro de Información Jorge Rodríguez hacia el primer mandatario Lenin Moreno». En recíproca actitud a la aplicada por Ecuador, el gobierno de Venezuela declaró “persona no grata” a la encargada de negocios ecuatoriana Elizabeth Méndez, a quien dio 72 horas de plazo para abandonar Caracas. El comunicado venezolano critica lo que considera una «extravagante decisión» del gobierno de Ecuador.
El incidente que enfría las relaciones entre ambos países, no es cuestión de cantidad sino de calidad. La cualidad en las relaciones ecuatoriano venezolanas se caracteriza por un creciente distanciamiento mutuo, provocado por la desalineación del gobierno de Ecuador respecto de los principios del “socialismo del siglo XXI” que los unió en la década pasada.
Sabido es que la amistad -como el amor- no se decretan en un papel, son el fruto de la conjunción armónica de las partes involucradas. La política internacionalista de respeto a las diferencias y no injerencia en los asuntos de cada país, debe ser reflejo de armonía y racionalidad políticas. Situación que, precisamente, no está señalando el derrotero de amistad entre Ecuador y Venezuela en estos precisos momentos. La historia abrirá nuevos cauces de entendimiento, más allá de los odios temporales exacerbados por las diferencias ideológicas que desencadenan gestos diplomáticos agrios, y reñidos con la convivencia internacional entre ambos pueblos que, por sobre sus diferencias, deben hacer prevalecer la confraternidad histórica que los ha unido.



