Para nadie es un misterio que de todas las historias de la historia, la más triste es la del petróleo en Latinoamerica. Décadas de explotación hidrocarburífera en manos transnacionales no han significado desarrollo para los pueblos de norte y suramérica; contrariamente, ha dejado una secuela de depredación natural, marginalidad social y promesas de desarrollo incumplidas.
Hoy corren buenos tiempos, nuevamente, para los intereses de la compañías norteamericanas y europeas explotadoras de petróleo que ven una nueva oportunidad de negocio, a partir de que los gobiernos de la región muestran una apertura a licitaciones o rondas petroleras, abiertas a inversiones privadas. Según versiones de prensa internacional, las grandes empresas corporativas petroleras están viviendo un sueño hecho realidad, los mercados y la producción petrolera latinoamericana en manos de empresas estatales hasta hace unos años, se está abriendo y proporcionando ganancias extraordinarias para la clase capitalista trasnacional.
Luego de una década de políticas públicas soberanas -con predominancia en los intereses de los Estados administradores del recurso natural-, nuevamente existe una tendencia de retorno a los contratos de concesión o de prestación de servicios por la vía de la licitación de pozos petroleros en la región. Desde Brasil y México hasta Colombia, Argentina, Uruguay y Ecuador, los gobiernos están abriendo sus tierras, aguas someras y mares a subastas internacionales. Son más de 500 mil kilómetros cuadrados que están ofreciendo en bloques los diferentes países latinoamericanos.
En este contexto que se explica por la caída de producción de crudo de países latinoamericanos, la presión competitiva de las empresas estadounidenses se hace sentir con fuerza. Un reporte internacional señala que hace tan solo unos meses atrás Estados Unidos producía 145 mil barriles de petróleo shale y ahora está a punto de lograr un récord histórico en junio de este año de 7,18 millones de barriles de petróleo shale diariamente, según información de la Administración de Información Energética de Estados Unidos. Esto va acompañado del aumento de la producción de gas natural estadounidenses que se encontraría por arriba de los 68 mil 100 millones de pies cúbicos por día. Esta dinámica ha colocado a Estados Unidos en el tercer lugar como extractor de petróleo del mundo, solo detrás de Rusia y Arabia Saudita quedando ya muy atrás en este rubro la extracción en Brasil (10º.), Venezuela(11º.) y México (12º.). (OPEP, 2018).
Caída del negocio estatal
En este contexto hay poco o nada que festejar en la región. México ve caer la producción de petróleo drásticamente. A marzo de este año PEMEX –la petrolera estatal mexicana- tuvo una caída anual de 7,6% en su producción generando solamente mil 864 millones de barriles diarios de crudo, una baja anual de 153 mil 340 barriles por día. Este panorama abrió las puertas, desde el 2013, a la llegada de inversión privada nacional y extranjera, a las cuales se les han entregado proyectos de exploración y posterior explotación de pozos petroleros terrestres y en aguas someras y profundas. Se trata de la apropiación de espacios estratégicos por parte de empresas extranjeras como Total y Exxon, Chevron, China Offshore y el nacimiento de otras empresas de políticos mexicanos como Sierra Energy. Más de 100 mil kilómetros cuadrados están bajo exploración y posible explotación petrolera y sus derivados en México.
En Venezuela las cosas no pintan tan diferentes. Hasta agosto del año 2017 la producción venezolana de cruda era de 2,1 millones de barriles de petróleo diarios y según el reporte que presentó la OPEP en Marzo del 2018, experimentando una caída de la producción del 28%. Por otra parte, las importaciones de petróleo venezolano en Estados Unidos alcanzan el menor nivel desde el 1982 como parte de la estrategia de dominación-intervención de la producción y los mercados petroleros.
A sur del continente, Brasil y la poderosa Petrobras, miran como espectadoras el arribo de inversiones crecientes de corporativos petroleros. Dieciséis grandes firmas petroleras como la Royal Dutch se han registrado para participar en la espectacular cuenca de petróleo de Presal de Brasil que posee miles de millones de barriles de petróleo en el fondo de océano. A ella se suma el interés de las estadounidenses Chevron y ExxonMobil junto con la noruega Statoil y la francesa Total. Petrobras se suma a los resultados menores de Pemex y PDVSA con respecto al año pasado. En su informe trimestral del 2018, la estatal brasilera informa que la producción total de petróleo y gas natural en el primer trimestre del 2018 fue de dos millones 680 mil barriles de petróleo diarios, un 4% inferior al primer trimestre del 2017.
Argentina es otro caso sintomático de contracción del negocio petrolero estatal. La producción de petróleo argentino cayó 3,8% en el 2016 y 6,3% en el 2017. La estatal YPF suma una caída en la producción de petróleo de 3,18 millones de metros cúbicos, a 3,15 millones de metros cúbicos del 2017 al 2018. En tanto, Pan American Energy tuvo un alza de 3,49% y Petroquímica Comodoro de 28.89%. Argentina destaca por la impresionante entrega de vastas áreas de exploración para los corporativos internacionales, que superan los 225 mil kilómetros cuadrados bajo exploración corporativa petrolera en alto mar.
Ecuador, en escala proporcional a su dimensión como país petrolero, ha iniciado una tendencia de licitaciones privadas, con rondas que buscan poner en manos transnacionales los campos que la industria estatal dejó sin producir o no le resultan ya rentables. Este es el caso de la futura ronda Intracampos que se anuncia para los próximos días en la provincia de Sucumbios.
Este negro horizonte petrolero para unos, y dorado para otros, forma parte del dominio de las transnacionales del oro negro en América Latina, que pone en discusión nuestras soberanías nacionales, el respeto a los ámbitos y territorios naturales y el uso beneficiario que deben hacer nuestros pueblos de sus recursos naturales. Corren malos tiempos para nuestros países que ven cómo los intereses de las grandes transnacionales petroleras se contradicen, flagrantemente, con nuestros intereses de naciones, en lugar de representar desarrollo para la región.
Ante este negro horizonte, vuelve nuestro continente a estar con las venas abiertas- según la célebre sentencia de Eduardo Galeano- que nos advirtió que tenemos todo prohibido, salvo cruzarnos de brazos.
Fuente investigativa CubaDebate



