Ha muerto Samir Amin en Paris. El destacado economista egipcio nos deja una impronta del estado actual del capitalismo, que analizamos a la luz de una entrevista suya realizada por Irene León.
Amin, autor de una voluminosa obra de análisis crítico del capitalismo y de innovadoras tesis, desarrolla sus criterios a partir de un triple abordaje: revisar las características importantes y decisivas del capitalismo contemporáneo; examinar la naturaleza de la actual crisis, que más que crisis, es una implosión del sistema capitalista. Y en tercer lugar, visualizar las estrategias y las fuerzas reaccionarias dominantes, es decir, del capital dominante de la triada imperialista EEUU-Europa-Japón y de sus aliados reaccionarios en el mundo.
El analista arranca de una hipótesis personal: hemos entrado en una nueva fase del capitalismo monopólico, se trata de una etapa cualitativamente nueva pautada por el grado de centralización del capital, cuya concentración llega a tal punto que hoy día el capital monopólico lo domina todo. En la actualidad, ya no existe ninguna actividad económica capitalista que sea autónoma, independiente del capitalismo monopólico, éste controla todas y cada una de las actividades, aún aquellas que conservan una apariencia de autonomía, señala Amin.
La consecuencia inmediata del estado actual del capitalismo, es que «se ha desvirtuado completamente la democracia burguesa». Si antes se fundamentaba en una oposición izquierda-derecha, que correspondía a alianzas sociales, en la actualidad en EE.UU, por ejemplo, republicanos y demócratas son lo mismo, o casi lo mismo. Es decir, «todos están alineados a un consenso que es el mandato del capital monopólico», plantea el autor egipcio.
La democracia así desvirtuada, se ha convertido en una farsa -según Amin-, es decir, una situación tan grave en que «la democracia ya no se expresa». Amin, ensaya la noción de un «imperialismo colectivo» conformado por la triada EE.UU-Europa-Japón: no hay mayores contradicciones entre ellos, existe una ligera competencia en el plano comercial, pero en el plano político el alineamiento con las políticas definidas por Estados Unidos como política mundial, es inmediato.
Para nuestro autor, el sistema está en crisis y, más aún, no es solamente una crisis: es una implosión, en el sentido de que este sistema no es capaz de reproducirse desde sus propias bases, es decir, es víctima de sus propias contradicciones internas. En el frente externo, «las fuerzas dominantes» manejan una estrategia política conjunta con EE.UU-Europa-Japón, consistente en identificar a un enemigo común: los paises emergentes, es decir, China, India y Brasil. El resto del mundo, el resto del sur, no contamos, dice Amin. Al capitalismo monopólico colectivo, nuestros países apenas le interesan por una sola razón: el acceso a nuevos recursos naturales, porque este capital monopólico no puede reproducirse sin contar, o despilfarrar los recursos naturales de todo el planeta.
Para tener acceso a los recursos naturales, los imperialistas necesitan que nuestros países no se desarrollen. Es decir, que tengan un desarollo de lo anómalo: pauperización más petróleo, crecimiento falso, o gas, madera, o lo que sea, para tener acceso a los recursos naturales y eso es lo que está punto de implosionar porque es lo que se ha vuelto intolerable moralmente, el pueblo no lo acepta más. El desafío -para Amin- no se da en el marco de este sistema, en el intento de «trascender desde el neoliberalismo hacia un capitalismo con rostro humano, entrar en la lógica de la buena gobernanza, de la reducción de la pobreza, la democratización de la vida política, etc., porque todos esos son modos de gestionar la pauperización, que es el resultado de esta lógica».
Frente a este panorama, Amin identifica una condición objetiva para un cambio. El hecho de que en el monopolio generalizado, el control de todas las actividades económicas y la absorción de la plusvalía creada en beneficio de la renta del monopolio imperialista, genera una expansión de las desigualdades, a tal punto que se ha vuelto inmanejable. En nuestros países la crítica y el reclamo popular es por no ser incluidos en el sistema, no por cambiarlo. En ese sentido, Amin reconoce que el pueblo llano tiene la «ambición de estar dentro del sistema, de ser absorbido por él». Pero debe comprender que éste no lo va a absorver, que esa demanda es ineficiente. De ahí la necesidad de contar con una alternativa plausible. Como alternativa popular que cuestione estructuralmente al sistema capitalista, el autor identifica a la «audacia, siempre la audacia y siempre más audacia». Los momentos revolucionarios son raros y cortos en la historia, y si en esos momentos hay iniciativas audaces, éstas ganan terreno y se abren paso muy rápidamente, concluye Amin.
En cuanto a las dimensiones que podría adquirir la implosión del capitalismo, el autor egipcio se muestra convencido de que «está a punto de adquirir dimensiones titánicas». En algunos meses, «tendremos una multitud de guerras que se hundirán en el caos. Tendremos todo eso al mismo tiempo, ya lo estamos viviendo. Será una larga transición de los elementos del capitalismo para producir algo nuevo».
Frente a la posibilidad de desconexión latinoamericana del sistema capitalista, Amin señala que es un proceso en el que es necesario conjugar iniciativas de bases diversas, que se manifiestan desde múltiples condiciones concretas. La desconexión no proviene de un dictador iluminado que imponga esta iniciativa y la ponga en marcha, se trata de un cambio estrátegico que involucra al Estado en un proceso de distanciamiento con los intereses de los monopolios imperialistas, y de reorientación hacia enfoques de un desarrollo con autodeterminación.
Hay que analizar los procesos latinoamericanos muy de cerca, con la máxima simpatía -dice Amin-, pero al mismo tiempo con mucho rigor. Hay que reconocer la importancia de planteos tales como los intercambios Sur/Sur, el ALBA, la moneda común, pero al mismo tiuempo, tenemos que ser rigurosos: ¿Nos estamos moviendo al mismo ritmo que el desafío? He ahí el dilema que deja planteado Samir Amin, un hombre que trasciende por su pensamiento, mucho más allá de su extinción vital.



