El tiempo en que las vacas flaquean, no termina en Ecuador. Las estadísticas del Banco Central evidencian una contracción del 0.7% del PIB (Producto Interno Bruto) en el primer trimestre de este año, en comparación con el mismo periodo de 2017. Esa tendencia marca una clara “desaceleración de la economía”, cuyas causas evidentes radican en la disminución de la inversión pública -incluso en el área social- y del gasto corriente. A este panorama le tomó la temperatura el FMI y su representante sentenció que “la economía parece estar enfriándose”. Si bien el gobierno cuenta aún con la santificación del FMI por su apoyo al sector privado y las señales de apertura al mercado internacional, cuya política se plasma en la Ley de Fomento Productivo y la tranparentación de las cuentas fiscales, el tiempo de las vacas flacas sigue mostrando una economía famélica.
El régimen casa adentro ha iniciado una drástica reducción presupuestaria y de consumo de $ 3.784 millones en el cuarto trimestre de 2017 a $ 3.743 millones en el primer trimestre de 2018. Ante este panorama el gobierno no pierde las esperanzas que la inversión privada se haga realidad a partir del segundo semestre de este año. Y si el sector privado no “se la juega”, como espera el FMI, al gobierno no le queda otro camino que el endeudamiento exterior. No obstante, esa medida no es vista con buenos ojos por economistas de corte liberal. El Estado ecuatoriano, en el primer año del gobierno de Moreno incrementó la deuda externa en $ 7.000 millones, un incremento significativo que incluye los $ 3.000 millones que usaron los bancos en la colocación de bonos. Esa medida, según analistas, provocará que haya menos dinero en el sector público, menos inversión y menos contratación.
El sector industrial del país considera -en opinión de sus voceros-, que las causas de la desaceleración no son solo económicas, sino además políticas, cuya manifestación es la no reactivación productiva y los cambios de autoridades del Ministerio de Economía y Finanzas. Ante este panorama, los representantes comerciales, industriales y las autoridades económicas apuestan por la nueva Ley de Fomento Productivo, una clara carta neoliberal en favor del sector privado que “permitirá atraer divisas, crear empleo, sostener la dolarización y aumentar la recaudación tributaria por los nuevos encadenamientos”.
Otro síntoma de la flacura de las vacas, es la disminución del consumo masivo. Todos preferimos ahorrar y ser cautos en los gastos superfluos. Frente a esta tendencia las empresas comercializadoras deberán aplicar una política de conservar los precios sin aumentos bruscos, ni especulación comercial para mantener los niveles de la demanda.
Y en este contexto no podía faltar el recetario del FMI. El organismo multilateral indicó que Ecuador debe dar un impulso al crédito interno de la banca privada y pública. Además, asumir el déficit fiscal y el aumento de la deuda pública. Para esa receta el acreedor internacional señala que “los mayores precios del petróleo, las medidas impositivas temporales, los recortes en el gasto de capital y el congelamiento de las contrataciones del sector público podrían ayudar a reducir el déficit fiscal”. El FMI no usa metáforas, a la desaceleración económica le llamó “vulnerabilidad” de la economía ecuatoriana. Y como era de esperar, el FMI se puso a las órdenes para intervenir -como en los viejos tiempos- en la dinámica económica nacional.



