Mientras observo a Roberto Navarrete a través del visor de la cámara, sentado junto al piano abrazando la guitarra, pienso en la afirmación de Cortázar sobre el arte musical: ¡Música! Melancólico alimento para los que vivimos de amor.
Es que este joven exponente de la trova ecuatoriana vive la música como un acto de amor, a través de la evocación de los momentos más intensos de la lucha social latinoamericana, reviviendo en la memoria a Violeta Parra, Silvio Rodríguez, Leon Gieco, entre otras voces, todas unidas en un canto de esperanza.
Oriundo de Otavalo, Roberto se vino a la capital con el bagaje al hombro de una familia de músicos desde sus ancestros, y luego adquirió sapiencia con maestros de la talla de los cubanos Vicente Feliú y José Ángel Pérez, entre otros referentes artísticos. Desde temprana edad cultivó el formato de la trova latinoamericana clásica, sin soslayar vivencias junto al repertorio de nuevos trovadores como Trovando Ando y Trova Sur. Roberto proclama su decisión de vincularse al formato “no comercial, donde importa el contenido que se vincula a una vieja guardia de lucha”.
¿El arte musical surge de la expresión libertaria o cuando se encuentra bajo represión?
–La música es parte del movimiento social y del lenguaje que se debe utilizar para reivindicar cuestiones sociales, es una herramienta eficaz para decir las cosas de manera estética. La música es contestataria a las injusticias que oprimen a los pueblos. La música te puede enseñar, visibilizar y movilizar muchas cosas y gentes.
¿Tu expresión artística es esencialmente contestataria?
–Ningún derecho debe ser conculcado. Aquí se han conculcado diversos derechos de ParticipacIón, regresión en derechos laborales. La cultura ha sido relegada a la mínima expresión, nunca existe presupuesto para hacer una obra, más allá de los fondos concursables que operan en niveles elitistas de la cultura. Mientras no entendamos que lo cultural es lo fundamental para una sociedad, ninguna de estas instituciones va a tener éxito. El problema de los artistas es enfrentarte a todo el proceso de comercialización de la cultura como un objeto y no como seres vivos de la cultura. Nos sentimos siempre desplazados por las situaciones elitistas que se da en el arte, afirma con decisión.
Hay que caminar denodadamente en la reivindicación de los derechos que tenemos como actores culturales -afirma Roberto. Consecuentemente, su propuesta artística UR-GENTE CANTEMOS reivindica el derecho a expresarnos cantando contra las injusticias. Su show en el escenario está compuesto de música y poemas, junto a la poeta ecuatoriana Flor Marina Montalvo. Se trata de una retrospectiva que evoca la figura de luchadores emblemáticos como Salvador Allende, Roque Dalton y Sandino en un “concierto imperdible”, como dice Roberto.
-El titulo nos cae como anillo al dedo, es un momento en que nos vamos a abrazar para no olvidar de la memoria cosas que nos pueden pasar y nos están pasando. Es interesante el hecho de entender a la música y al arte como una gran expresión de amor y sumarnos en ese amor colectivo por días mejores. Una noche por la patria, por los derechos humanos y por un futuro más próspero.
Mientras escucho sus palabras, guitarra en mano, en el horizonte de mi mente gira la esperanzadora frase del gran cronopio, Cortázar: Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.
UR-GENTE CANTAMOS
Música de Roberto Navarrete y poesía de Flor Marina Montalvo
CAFE DE JUAN Viernes 13, desde las 21h00, Tamayo y Salazar, esq.



