Siempre nos hemos preguntado cómo fue posible que Mauricio Rodas ganara las elecciones para la Alcaldía de Quito. La respuesta es simple: Rodas no ganó, más bien, Barrera perdió. Un momento memorable y clave de la contienda electoral, fue el recordado debate de ambos candidatos ante los micrófonos de Radio Visión. En esa oportunidad, Rodas se mostró hábil en repetir de memoria un libreto redactado por sus asesores y, envalentonado, puso a un Barrera timorato a la defensiva, frente a una ciudadanía que ya no reconocía la gestión del Alcalde en funciones.
Un Alcalde Barrera que decía hacer “miles de obras”, pero que no las comunicó debidamente. Confiado en sus asesores comunicacionales, permitió que los quiteños desinformados perdieran la credibilidad en su gestión. Mientras sus vicealcaldes, públicamente, se disputaban el puesto en las tarimas de los barrios quiteños humildes, en abierta falta de liderazgo en un deplorable espectáculo público. Solo en julio del 2009 Barrera hizo prevalecer “su confianza” y se inclinó por Jorge Albán y dejó sin piso y sin cargo a María Sol Corral, dando por superada la “discrepancia”.
Al final del día, la desinformación de su gestión, la falta de liderazgo y un creciente descontento popular le pasó factura, y Rodas irrumpe -proveniente de los EE.UU.- poco menos como el “salvador” de la ciudad, luego de no haber vivido en ella ni conocer a cabalidad sus necesidades.
Una vez posesionado, Rodas hizo gala de sus virtudes histriónicas y de una audacia supina para iniciar siempre sus intervenciones de prensa anunciando “buenas noticias”, una fórmula manida y concebida por el “media training” dictado por sus asesores en comunicación política. La maniobra mediática duro poco, hasta que la ciudadanía quiteña cayó en cuenta que era víctima de una manipulación y engaño por un Alcalde sin iniciativas reales de gestión, que pretendía encubrir con palabras una historia de ineptitud.
Rodas debió echar mano a la privatización de los servicios y obras municipales, pero la ley se lo impidió. Obligado a desplegar un modelo de gestión público, no lo logra cuajar su intervención por falta de formación administrativa y de iniciativa politica. Quedaba al descubierto que su verdadera intención era usar la Alcaldía metropolitana de Quito como un trampolín político para cargos de representación popular de mayor envergadura, sin lograrlo.
En medio de la vorágine de corrupción que dejaba al descubierto el caso Odebrecht, Rodas pasó “de agache” cuando uno de sus asesores fue involucrado por mantener “relaciones informales” con la empresa brasilera corruptora de varios gobiernos del continente. Otros escándalos de corrupción denunciados como la legalización de taxis de Quito, comercialización de servicios de limpieza municipal, Quito Cables, entre otros; no obstante, el Alcalde Rodas ha salido -hasta el momento- campante de las sospechas de actos reñidos con la ley y la ética.
En otro orden de problemas, Rodas viene enfrentando desde hace un tiempo varios petitorios de revocatoria del mandato. Algunos por incumplimiento de ofertas de campaña, otros por ineficiencia de la gestión. El Consejo Nacional Electoral (CNE) acogió, el 22 de mayo, la sentencia ejecutoriada del Tribunal Contencioso Electoral (TCE), y aprobó la entrega de formularios para recolección de firmas que permitan la revocatoria del mandato del alcalde de Quito, «por incumplimiento de funciones». La revocatoria del alcalde capitalino fue solicitada por el colectivo antitaurino Diabluma, el 27 de diciembre del 2017, quienes lo acusan de no haber tramitado el mandato popular del 2011, que prohibe matar animales en espectaculos taurinos en la ciudad de Quito.
Sin embargo, como una ficha arlequín, Rodas se mantiene en el cargo ostentado un poder cada día más debilitado. ¿Acaso perdura en la Alcaldía por ser funcional y servir a los propósitos políticos de una derecha coludida con el gobierno central?
Una encuesta realizada en la ciudad de Quito por la empresa Perfiles de Opinión hace una transparente radiografía a la gestión de Rodas, en la crónica de una revocatoria del mandato anunciada. Consultados los quiteños por la calidad de la gestión del Alcalde, el 16,08% de los encuestados considera que su gestión es Buena, mientras que el 36,97% dice que es Mala y un 46,26% que es Muy Mala. Es la voz el pueblo, que sigue siendo la voz popular indignada ante la decepcionante acción del Alcalde que, luego de haber recibido obras por herencia de la administración anterior, no ha sido capaz de incrementar obras significativas en la capital ecuatoriana.
Por el contrario, la capital de Ecuador, Quito -Patrimonio Cultural de la Humanidad- se debate en el más profundo caos urbano con problemas de salubridad pública, mala recolección de basura, congestión vehicular con 700 mil vehículos circulando a diario con una medida de “pico y placa” a la que le rebajaron las multas y que ya no soluciona el problema, contaminación visual en casi el 90% de la paredes rayadas con grafitis, inundaciones por mal funcionamiento de recolectores de agua, calles sin mantenimiento vial, corrupción en la legalización de taxis, una obra del Metro -heredada- que ha caotizado el tránsito en diversas calles; y que, además, tiene reclamos y huelgas de los trabajadores ecuatorianos por el exceso de contratación de mano de obra venezolana, entre otras perlas que los quiteños tenemos que padecer a diario, en un Quito que dejó de ser la otrora “ciudad para vivir”.
La “buena noticia” última anunciada por el Alcalde Rodas, es su decisión -o la de sus asesores- de no postularse a ningún cargo público, ante la evidencia del rechazo popular en la encuestas. “Con amor a Quito y con convicción en la alternabilidad democrática, comparto mi decisión sobre el proceso electoral 2019”, escribió rodas en su cuenta de Twitter, luego de quejarse “enamorado de Quito”, porque “durante su gestión, no ha tenido el apoyo del Concejo Metropolitano”. Por algo será.
Se cae así una ficha de la derecha politica obligada a enfrentar los comicios municipales de marzo de 2019 con otras cartas que saldrán por debajo de la mesa. Un Andrés Páez, delfín de Lasso, o acaso un Paco Moncayo, asesor de Moreno, o un Mauricio pozo, ex ministro de finanzas del gutierrismo o el actual Prefecto de Pichincha, Gustavo Baroja, como candidato oficial.
Los quiteños y los habitantes de la ciudad nos merecemos un Alcalde a la altura de la capital del país. Con clara vocación de servicio, con experiencia administrativa, con ideas innovadoras, con una formación ética intachable y dispuesto a pasar a la historia como el mejor Alcalde de la ciudad por sus obras y por posicionar a Quito en un alto sitial internacional. ¡Ya basta de alcaldes de a chaucha!




