Como en los peores tiempos de oscurantismo medioeval, la Iglesia católica chilena enfrenta una crisis debido al encubrimiento ejercido durante varias décadas a uno de los grandes males oscuros de la secta apostólica: la pedofilia.
En un gesto sin precedentes en la cofradía católica los 34 obispos chilenos dimiten por escándalos de abuso sexual. En el marco de la decisión, el Papa podría sustituir al menos 10 prelados para inaugurar una nueva era en la iglesia chilena. Los prelados anunciaron su decisión en breve declaración a la prensa ofrecida en la sala Pío X de un edificio del Vaticano, junto a la basílica de San Pedro en Roma.
En la declaración, los obispos volvieron a «pedir perdón por el dolor causado a las víctimas», les agradecieron «su perseverancia y valentía», a pesar de las dificultades y de «los ataques de la propia comunidad eclesial». Entre los 34 obispos figuran varios de los acusados de haber encubierto durante décadas los abusos cometidos por el sacerdote Fernando Karadima, suspendido de por vida después de haber sido declarado culpable en 2011 de abusos sexuales a menores en los años 1980 y 1990. Cuatro de ellos se formaron “a la sombra del influyente Karadima en la acomodada iglesia de El Bosque en Santiago”.
El propio Papa Francisco acusó a los obispos chilenos, en un documento de 10 páginas filtrado a la prensa. Son “colectivamente responsables de graves defectos», en el manejo de casos de abusos con la consiguiente pérdida de credibilidad de la Iglesia católica, concluyó el Papa. En una enérgica declaración, escribió: «Mis enviados han podido confirmar que algunos religiosos expulsados de su orden, a causa de la inmoralidad de su conducta, y tras haberse minimizado la absoluta gravedad de sus hechos delictivos atribuyéndolos a simple debilidad o falta moral, habrían sido acogidos en otras diócesis e incluso, en modo más que imprudente, se les habrían confiado cargos diocesanos o parroquiales que implican un contacto cotidiano y directo con menores de edad.”
El sacerdote Fernando Karadima fue suspendido de por vida por la justicia eclesial en el 2010, tras desvelarse que abusó sexualmente de niños y jóvenes cuando dirigía la parroquia El Bosque. El 71% de los chilenos desaprueba la forma en que la Iglesia manejó las acusaciones de abusos sexuales, según una encuesta reciente.
Luego de una investigación que el pontífice llevó a cabo sobre abusos sexuales en Chile, recibió a tres de las principales víctimas de Karadima en Roma: James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo, quienes narraron su experiencia en audiencia privada con el Papa. El cura Karadima fue condenado en 2011 por la Justicia canónica a una vida de reclusión y penitencia por estos hechos que fueron encubiertos durante muchos años por el obispo de Osorno, Juan Barros
El escándalo que estremece a la iglesia católica chilena, habla de pérdida de ética y credibilidad por utilización indebida de la influencia ejercida desde el poder de un sacerdote sobre sus feligreses. Además, constituye un delito penal relacionado con abuso sexual a menores de edad, tipificado en Chile con varios años de cárcel. El clamor popular es claro: la Iglesia debe volver a ser cobijo de los maltratados, no un refugio de abusadores. Más allá del mea culpa.



