En la frontera norte ecuatoriana habitan afrodescendientes que, según la leyenda, llegaron a las costas de la región norte de Ecuador cuando un galeón español que transportaba esclavos africanos naufragó frente las playas equinocciales. Asentados en las provincias de Esmeraldas y Carchi, ambas fronteras con Colombia, los negros desarrollaron cultura, costumbres y tradiciones propias, merced a la transculturización, cohabitantes con la raza blanca de origen indígena, español y finalmente mestizo.
Investigaciones establecen que por cada mil negros africanos “morían en el fragor de la captura 500”. Llegados a América, por enfermedad y adaptación al medio ambiente moría el 15%, y se calcula que la trata de negros llegó a 12 millones de personas. Se conoce que cuando Cristóbal Colón en su primer viaje llegó a la isla Guanahani -llamada después San Salvador- encontró gente de raza negra. Los negros habrían llegado al continente americano mucho antes que los españoles. Uno de sus hIjos, Alonso de Illescas, destacó´en la lucha emancipadora de su raza en territorio ecuatoriano.
Abolida la esclavitud, al menos el tráfico de esclavos, la raza negra hecho raíces en la región norte fronteriza de Ecuador y Colombia, dedicada a labores agrícolas, comerciales y de oficios urbanos varios. Con el tiempo los caseríos rurales vieron nacer hombres fornidos, pero desnutridos, que eran materia prima para los deportes. Así, la zona norteña ecuatoriana es cuna de buenos futbolistas y algunos atletas de renombre. Acostumbrados al trabajo físico, a la mala paga por oficios informales, algunos negros esmeraldeños y carchenses incursionaron en actividades ilícitas como reclutarse en la guerrilla colombiana, delincuencia común y tráfico de drogas. No obstante la gran mayoria del pueblo negro de Ecuador se encuentra distribuido por casi todo el territorio nacional; provincias como Esmeraldas, Carchi, Imbabura, Guayas y Pichincha son las que mayormente albergan al pueblo afroecuatoriano, símbolo de una cultura altiva y libertaria.
El endémico abandono de la provincia de Esmeraldas, ajena a servicios básicos del Estado, y el racismo imperante en el país, facilitó la informalidad laboral, la desnutrición y el analfabetismo de los negros relegados, definitivamente, a un lugar marginal de la sociedad mestiza.
En la actualidad, diversas organizaciones étnicas reivindican los derechos de la raza negra o afrodescendiente, como se les conoce en Ecuador. No son pocos los miembros de la negritud que han destacado en el campo del deporte, la música, la literatura o la política. Su fuerzas laboral constituye un ingrediente productivo importante para el país y en el campo educativo la educación intercultural bilingüe protagoniza a la raza negra en un país constitucionalmente definido como plurinacional.
Las escaramuzas de violencia que tienen lugar en la frontera norte identifica a uno de los cabecillas de raza negra Guacho- como el lider de una fracción disidente de la guerrilla dedicada hoy a proteger las actividades del narcotráfico. Como una necesaria puntualización, una organización Pacífica Esmeraldas alza la voz y suscribe un comunicado en el que se señala que -según el artículo 5 de la Constitución- “Ecuador es un territorio de paz”. Y que el articulo 31 obliga al Estado a garantizar los derechos “a la salud, educación, alimentación y seguridad social y el agua para sus habitantes” .
Consecuentemente, los habitantes afrodescendientes de la frontera norte “ratifican con energía que el cantón San Lorenzo, sus parroquias y comunidades son fundamentalmente territorio de paz”, habitados ancestralmente por pueblos afrodescendientes e indígenas. Los declarantes condenan y rechazan los actos de violencia que se suscitan en sus territorios. Al mismo tiempo, “se solidarizan con los familiares de las víctimas, heridos y secuestrados”. Exigen, además, al Estado “mirar y atender este conflicto como una oportunidad que le permita intervenir con politicas públicas concretas urgentes, emergentes y permanentes, que garantice a este sector de la patria sus derechos constitucionales” .
Exhortan al gobierno que durante la intervención bélica en contra de los disidentes de las guerrillas, a “distinga en todo momento entre población civil y combatientes”, con miras a preservar su vida y sus bienes. Así mismo, que el Estado haga “prevalecer el principio de inocencia y el debido proceso en todos aquellos casos de privación de libertad” a través de un juicio justo.
Es la voz de los condenados de la tierra, como alguna vez calificó el argelino Franz Fanon, por la liberación de su raza y de su nación en tierras originarias africanas. En Ecuador, es la voz de los sin voz, tantas veces silenciados por la oscuridad de su piel y de la injusticia.
Fotografia El Telégrafo



