Contra viento, marea y bajo presupuesto, la X Feria Internacional del Libro se inaugura el 10 noviembre en el Centro de Convenciones Bicentenario de la capital. A pocos días de su realización una nota editorial de la Revista Rocinante (N109, de la Campaña de Lectura Eugenio Espejo), escrita de puño y letra por el escritor y director Iván Egüez, desató el debate en torno a los aspectos logísticos de la organización de la feria. Éguëz, en su texto señala: “A la fecha del cierre de la edicion de Rocinante N109 -fines de octubre- no hemos recibido ninguna información sobre la Feria del Libro de Quito y Guayaquil que se llevará a cabo a mediados de noviembre, ni de sus respectivas programaciones, invitados, etc. Nuestro afán es coadyuvar con la difusión de todos los eventos que tengan que ver con el libro y la lectura, pero una vez más la organización estatal acusa una celeridad paquidérmica e impide que los conozcamos a tiempo”.
La respuesta estatal no se hizo esperar y fue Edgar Allan García, directivo de la Campaña de Lectura José de la Cuadra, quien respondió a Égüez: “Haber levantado una feria internacional del libro en tres meses ante el asombro y felicitación de la Cámara Ecuatoriana del Libro, que ha estado paso a paso en el proceso, da cuenta del trabajo que hemos desplegado, pese al cambio de gobierno y al presupuesto que había que sacar de donde no existe”. García concluye señalando “esta será la mejor feria desde el 2008 en que hubo el doble de presupuesto y un año para organizarla como corresponde”.
El novelista autor, de La Linares, ensayó una contestación que, en su parte pertinente y sustancial, dice: “Es necesario saber con anticipación las cosas, más todavía para nosotros que, aparte de ser la única publicación con énfasis en los libros, autores y otros temas aledaños, circulamos mensualmente, por tanto necesitamos más anticipación para preparar bien la difusión. En otras ferias se anuncia la programación con meses de anticipación y plazos de inscripción para asistir a seminarios que sobre el tema editorial y la lectura se organizan en ese marco”, concluye Éguëz.
Del tenor del debate sobre la Feria del Libro, también se ha hecho eco la prensa, y diario El Comercio ha diagnosticado que “con un cartel que en general no convoca a grandes públicos y con un tufo a feria de saldos, en las pasadas nueve ediciones no ha logrado erigirse en la cita libresca que represente al país”.
No obstante la polémica que habla del interés que suscita la FIL Quito, el evento tendrá lugar en el espacio convenido y contratado por la Cámara del Libro para los siguientes cinco años. El Centro de Convenciones Bicentenario de la capital abrirá las puertas a la Feria Internacional del Libro, este 10 de noviembre hasta el 19 del mes, con un invitado principal, el escritor argentino-canadiense Alberto Manguel, director de la Biblioteca Nacional de Argentina.
Además, la feria pondrá especial interés en la literatura escrita por mujeres de la región. Entre autoras destacadas cuentan Gabriela Roca, Carolina Sanín, Alicia Barberis, Inés Garland, Marilyn Bobes, Lara Moreno, Verónica Aranda, Marina Colasanti y Magela Baudoin. La FIL de Quito tendrá 73 stands y uno dedicado al fomento de la literatura infantil, y otro a la promoción de las editoriales independientes. Durante los días de feria se realizarán 250 actividades gratuitas, talleres y charlas en las que también participarán los escritores María Auxiliadora Balladares, Andrés Cadena, Andrea Crespo y Andrés Villalba.
Más allá de los gajes del oficio organizativo, auguramos el mayor éxito al evento por la cultura de la ciudad de Quito. Éxito, por ser una actividad dentro del Plan Nacional de Lectura, y que se lleva a cabo en la capital de los ecuatorianos, merecedora de eventos de cultura con transcendencia internacional, como digna ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad.