Cuenta el cuento que un mono y un gato miraban asar las castañas de un vecino. Tentados por el apetito intentan sacarlas del fuego y el mono empieza a alabar al gato diciéndole innumerables halagos sobre su valentía, fuerza, etc, para que haga el trabajo peligroso. El gato recibe las lisonjas, cada vez con más orgullo que lo hace sentirse, más o menos, superhéroe y se lance sin pensarlo a por las castañas que estaban en el fuego, provocando que casi tengamos un gato chamuscado en la historia. De pronto, entró el vecino y sorprendió a ambos ladronzuelos acechando las castañas. Mono y gato de inmediato huyeron del lugar y, como era de esperar, el gato se llevó doble descontento ya que no probó bocado alguno.
El juego político del Ecuador -con gatos y monos-, ha entrado en una coyuntura que bien se la explica, no por la realidad misma, sino por la clásica fábula de Jean de la Fontaine. La expresión sacar las castañas con la mano del gato es una costumbre que se ha vuelto popular entre nuestros actores políticos. Que alguien te dé haciendo el trabajo sucio o peligroso, para lo cual se requiere una buena dosis de insinceridad política. Un maquiavelismo instalado en el poder, con el uso de los medios justificados por los fines.
La gran castaña del neoliberalismo que, más que un programa económico representa una auténtica revolución cultural que involucra a todos los ámbito de la vida en sociedad, es el fuego cadente en el que la derecha política quiere sumir y consumir al país. La vuelta a la década perdida de los noventa, tiempo de injusticias sociales, privatizaciones de los servicios básicos, inestabilidad política, componendas de pasillos, demagogia gubernamental, corrupción institucionalizada, viejas y siempre desmentida tesis académicas.
Las candentes castañas, no son otras que “los intentos de volver al viejo modelo neoliberal que, ni en América Latina, ni en ningún otro lado, presenta capacidad de superar la crisis generalizada a la que ese mismo modelo ha arrojado a la gran mayoría de las economías de Europa, EE.UU. y América Latina”, según el análisis de Emir Sader. La anunciada restauración neoliberal tendría visos de estar en marcha en el Ecuador con los pactos -tácitos o implícitos- en los que habría incurrido el gobierno de Lenin Moreno con sectores de la oposición de derecha, representados por el bucaramismo y las fuerzas socialcristianas, con Jaime Nebot la cabeza. Monos sabidos han encontrado en el gato de Carondelet al personaje funcional perfecto para sus fines, sin importar los medios. Es decir, gobernar con las tesis del neoliberalismo y, de ese modo, restaurar los ingredientes del viejo país adobado por la corrupción para el banquete de los poderosos.
En esa merienda de castañas asadas, bien vale el juicio penal a Jorge Glas, enviado a los leones sin más defensa que su autoafirmación de inocencia, la entrega de los medios públicos a los artífices del discurso reaccionario que han convertido al periódico y los canales estatales en frívolos magazines de la política trivializada, el reparto de sectores energéticos a los rapaces de siempre, la promesa de derogatoria o reforma de leyes claves como la de comunicación, plusvalía, paraísos fiscales, tributarias, etc., instrumentos que, de alguna manera, ponían un muro de contención a los voraces apetitos de la oligarquía criolla.
Por y para todo esto fue necesario que el mono alabe al gato. Las lisonjas no se hicieron esperar desde el primer día del gobierno del diálogo, para el hombre de la sonrisa, el tolerante de todas las complacencias y el agencioso gobernante que da haciendo el trabajo sucio y peligroso de restaurar el neoliberalismo en el país.
No obstante, el desaguisado comenzó a pasar factura. Tres de los cuadros claves del régimen presentaron la renuncia a sus cargos de colaboradores próximos a la presidencia. La secretaria nacional de Gestión de la Política, Paola Pabón, y los consejeros presidenciales Ricardo Patiño y Virgilio Hernández, abandonan al régimen porque “durante los 3 primeros meses no han sido, con justicia, destacados los resultados de la revolución ciudadana que hemos ayudado a construir», aseveró y agregó que «no hemos visto un adecuado reconocimiento a ese proceso». Los renunciantes quieren «sentirse libres para defender lo que ha sido este proceso de construcción de cambio», que implicó diez años de estabilidad política, crecimiento económico, menos pobreza, respeto al derecho de los trabajadores con remuneraciones justas, incremento de la cobertura de la seguridad social, obra pública, según manifestaron.
En declaraciones a la prensa, Patiño, Pavón y Hernández, lamentaron “que generalizaciones hayan enviado un mensaje equivocado a la ciudadanía. Hemos hecho ejercicio de la función pública con manos honestas”. Por tanto, “no puede ser el argumento de la lucha contra la corrupción un mecanismo a través del que se generalice y se ataque al conjunto de la revolución ciudadana”. Al minuto siguiente, la secretaria general del movimiento Alianza País, Gabriela Rivadeneira -cuyo máximo buró lo integran Correa, Moreno, Rivadeneira y Patiño-, respaldó en Twitter la decisión anunciada por sus tres coidearios que prometieron trabajar en el movimiento para profundizar la revolución.
A simple vista, no es un buen negocio pretender sacar las castañas con la mano del gato. Aun en el supuesto -no consentido- de que la implantación del neoliberalismo en el país, constituya un fin de peso para hacerlo a través de medios injustificables. Todo tiene un costo y la política pasa elevada factura en prestigio y credibiidad. Y en el supuesto -tampoco consentido- de que las políticas de la oposición derechista, salven al país en crisis; contrariamente, en el análisis de Emir Sader se afirma que, “los modelos de restauración neoliberal, puestos en práctica en Argentina y en Brasil no han retomado el crecimiento económico ni han superado la crisis”. En la práctica, es factible observar que el viejo proyecto, ya aplicado en los años 80 y los 90 del siglo pasado en varios países de la región, no tiene ninguna capacidad de dar solución a los problemas del Ecuador.
Es hora de volver al realismo político. En entrevista realizada por un diario español, el gurú ecuatoriano del marketing político Jaime Duran Barba, sugiere hacer política sin prejuicios. Lo más peligroso -dice- es perder el sentido de la realidad, la egolatría. Volver a la política -propone- con la mirada puesta en la realidad y hacerlo sin mentir, sin actores. No creerse las sugerencias del mono sintiéndose el super gato que saca las castañas con sus afiladas uñas y talante de hiper héroe. La gente está acostumbrada a seguir al líder. Nada es imposible en política. O te quemas con las castañas -porque a veces el burlador es burlado-, o lo que sería peor, terminas chamuscado en el fuego de tu propio ungüento político.



