Es una mujer a primera vista frágil, femenina en sus modales, con una apariencia común y corriente, pero elegante, sin acento charro, no obstante, su procedencia mexicana. Su ángel se empodera cuando habla de aquello que le apasiona y domina con una erudición singular: el arte.
Avelina Lésper vive habituada en un mundo dividido entre admiradores y detractores, que la alaban y la desprecian por sostener una cuestionadora e implacable posición teórica sobre el arte actual. Sus prácticas de yoga y una muy frugal alimentación vegetariana, acaso, le permiten mantener equilibrios vitales con serena pasión.
Empezó a ver arte muy joven y tuvo necesidad de escribir sobre lo que veía. Sin embargo, dice, no haber amanecido crítica de la noche a la mañana. Por el contrario, se formó en un ejercicio constante de estar razonando sobre lo que está viendo en el arte. El ejercicio de sentir frente a una obra la hizo transmitir su pensamiento sobre lo que estaba observando en una galería o un museo.
Se hizo crítica de arte por necesidad de ver belleza y tener un intercambio con lo que se está presenciando: eso se tradujo en ensayos críticos. Decir lo que veo y lo que pienso, aquel es el principio que la anima a ser la ensayista más rigurosa y cuestionadora sobre lo que llama el arte VIP (video-instalación-performance); que se denomina arte procesual o conceptual, inscrito en el arte contemporáneo.
Lésper considera que hay una parte ingrata de la crítica de arte, como género del ensayo que se ejerce con intención de alcanzar el nivel del arte. Parte de la ingratitud con la crítica, es que se cree que el crítico debe tener detrás suyo el soporte de ser pintor.
La crítica, para la académica mexicana, tiene un punto esencial de ser completamente empírica. Lesper manifiesta que la crítica requiere de la experiencia de vivir el fenómeno estético. Cuando se vive algo, y la vivencia no converge con la teoría, entonces se está obligado a manifestar la experiencia, amparado en la educación, para relacionar la teoría que sustenta la obra, pero ésta no debe ser dependiente de la teoría para existir, sostiene Lésper. Las obras dependen, en primer lugar, del quehacer del artista. Si una obra está carente de narrativa que abra al espectador a una experiencia emocional, no hay teoría que justifique que aquella obra es arte.
Avelina Lésper está convencida de que, así como hay un falso arte, existe una crítica también falsa. Es la crítica de arte que no dice lo que piensa, que no dice lo que ve y que vive. Y que está esperando a que la obra sea validada por otro pensamiento que lo preceda, por determinadas teorías, o por el espacio, el precio, el mercado o por la fama: eso no es crítica y no lo necesita el arte.
El fraude del arte contemporáneo, es el título de la última obra de ensayo de Lésper sobre arte actual. Ese fraude consiste, en que factores como la teoría o el mercado, tan enajenantes con ideas preconcebidas y adosadas a las obras -ideas politicas y sociales- son las que convierten a las obras en arte. No la obra misma o el quehacer de un artista. En eso consiste el fraude: en hacernos comprar algo que no tiene ninguna factura artística, que no tiene presencia de talento, inteligencia y sensibilidad como arte, y que la gente lo esté comprando o admirando en los museos y haciendo ver como arte.
La vaciedad del arte contemporáneo -que habla Lesper- está llena de ideología, abocada a destruir al individuo. Si hay una manifestación que le permite existir al hombre como individuo, es el arte. Un sistema que busca que un ready made pre confeccionado, que describe el arte realizado mediante uso de objetos que, no se consideran artísticos, pueda ser llamado arte, constituye una ideología dedicada a la destrucción del ser humano.
Lésper continúa esta semana exponiendo sus tesis en Casa Éguëz, en el seminario Sentido poético del arte; y, el viernes por la tarde en ese sitio, dictará la conferencia Destrucción del arte razones y consecuencias. Hoy, después del mediodía, tendrá un encuentro con la academia en la Facultad de Artes de la Universidad Central, docentes y estudiantes confrontarán a Avelina Lésper en su exacta dimensión. Una mujer que conjuga el discreto encanto de decir su verdad, con prestancia y valentía.




