El presidente Lenin Moreno lo anunció. Comienza la era del diálogo, algo así como el reverso de la era del hielo. La era en que al calor del acercamiento inaugura una nueva política en la que nos escuchamos, hablamos y rompemos el hielo y, obvio, rompemos la incomunicación. El presidente lo llama Diálogo Nacional, un mecanismo de negociación “con el objetivo de instrumentalizar la participación de otros sectores para el logro de acuerdos que permitan la gobernabilidad”. Bajo este nombre el ejecutivo propone concertar, es decir, “fomentar espacios de diálogo social como elemento estratégico en la administración pública que involucre la coparticipación de los actores sociales, políticos y de otros interlocutores para lograr acuerdos orientados a fortalecer y profundizar el desarrollo económico, social, sustentable y sostenible, en el marco de la identidad y la unidad nacional”.
La logística del conversatorio criollo propuesto supone la instalación, en quince días, de mesas dialogantes “para escuchar a los empresarios, al sector privado, a los representantes de la Economía Popular y Solidaria y todos a quienes trabajan en el sector productivo». Otras temáticas que se instalarán en las mesas son, según se anunció, Acuerdo Plurinacional, Consejo Consultivo Empresarial, Unidad, Información, Educación, Agro y Lucha contra la Corrupción.
Se planteó en el anuncio presidencial del lunes anterior, un mecanismo del diálogo que se refiere a la conformación de un Consejo Consultivo, Productivo y Tributario, que será presidido por el vicepresidente de la nación, Jorge Glas, e integrado por representantes del sector público y privado, “teniendo como propósito el mejoramiento de la productividad, la atracción de la inversión, el retorno de capitales, la generación de empleo, el sostenimiento de la dolarización y de cómo mejorar y sintetizar los trámites de toda el área productiva”.
Si la promesa es gobernar “teniendo al Diálogo Nacional como el eje programático de los próximos cuatro años de gestión”, el gobierno debe dar a conocer cuál es su visión estratégica del mecanismo del diálogo; que no debe ser un fin en sí mismo, sino una herramienta para retroalimentar en la práctica al Estado y, consecuentemente, implementar sin fórceps las políticas públicas del plan de gobierno.
Agenda de diálogo
Los bloques opositores en la Asamblea Nacional han planteado diversos puntos de una agenda dialogante: Movimiento Creo-Suma acudirá al diálogo “a la luz pública y con una agenda clara que recoja las aspiraciones de los ecuatorianos como el empleo, emprendimientos y lucha frontal contra la corrupción”. La aspiración de la bancada opositora es revisar las leyes del periodo anterior y que se reformen, la Ley de Comunicación y la normativa que crea la guardia de seguridad armada para custodiar a los burócratas. El bloque socialcristiano espera defender la dolarización, sobre todas las cosas, como mecanismo de estabilidad; revisar las normas tributarias y reducir impuestos para generar confianza hacia el exterior y atraer la inversión. El bloque Integración Nacional, afirmó que su expectativa es que se cumpla lo prometido en la campaña respecto del empleo y la construcción de viviendas.
El gobierno deberá ir más allá de buscar del diálogo una plataforma politica, ya no unilateral, sino consensuada. Si Lenin Moreno llegó a Carondelet por voluntad popular, debió hacerlo con una carpeta bajo el brazo conteniendo el grueso de su política en beneficio de esas demandas ciudadanas. No se trata de inventarse el agua tibia: la agenda estaba trazada de antemano. Hay un proceso político en marcha que supone reivindicar diversos derechos colectivos, contemplados en el llamado plan del Buen Vivir, en la Constitución del 2008, y en la agenda social que dejó caminando el anterior gobierno de Rafael Correa.
Si se quiere producir cambios estratégicos al proyecto político de la revolución ciudadana, el país deberá saber cuáles son estos, para no confundir la táctica del diálogo con la estrategia de gobernanza del régimen, es decir, con su plataforma programática que, seguro, debe existir y deberá ser socializada con transparencia. Lenin habló del Plan Toda una Vida, en beneficio de amplias mayorías: he ahí una temática concreta de diálogo para implementarlo en beneficio de todo el país.
Se deberá ir al diálogo con agenda propia, sabiendo con claridad sobre qué dialogar y con quién. Tener flexibilidad, respecto de qué estoy dispuesto a hacer prevalecer de mis intereses y qué resigno a perder, sin confundir el mecanismo mediador con el objetivo del diálogo. El conversatorio es un medio ¿cuál es el fin? ¿Qué deben dialogar Lenin Moreno con Nebot o Rodas por ejemplo? ¿Qué concedo y qué exijo a la contraparte?
Dialogar si, romper el hielo, sí. La era del diálogo -como la era del hielo- son etapas en el tiempo. El gobierno deberá decirnos con claridad cuál es el espacio y los resultados esperados de ese diálogo. Ya es hora de que rompa el hielo, también, con el pueblo llano.



