Las derrotas deportivas de Argentina semejan un funeral. Impotencia, dolor, llanto con todos los ingredientes de un dramón de dudoso gusto que esta vez tiene un nombre: Lionel Messi. No habian transcurrido segundos del pitazo final que sellara el triunfo que dio el bicampeonato de America a los chilenos, cuando Messi, el crack internacional, caía de hinojos y lloraba sobre el cesped de la cancha convertida en escenario de la tragedia personal del jugador argentino.
Minutos despues, Messi anunciaba su renuncia a la selección de futbol de su país en un gesto dudoso, por lo intempestivo, que encontró caja de resonancia en la prensa amarilla teñida de rosa, habituada a dar por sentado que la gente se alimenta de la conmiseración. Con voz sin aliento, abatido, doblemente derrotado: por los chilenos y por sí mismo, Messi se convirtió en objeto funcional de una campaña orquestada desde camuflados intereses para desdibujar la victoria deportiva de Chile.
Cabe la pregunta obvia: ¿cómo el llamado mejor del mundo, se quiebra emocional y racionalmente ante una derrota deportiva que, en todo caso, está en el libreto de todo futbolista de elite? Una lapidaria frase de Messi a la prensa lo dice todo: La Selección se terminó para mí. Me voy sin poder ganar. La auto sentencia pinta de cuerpo entero al delantero argentino: no sabe perder, no cabe en su atribulada mentalidad la derrota, un hecho concebible para todo competidor que se conoce sí mismo, incluidas sus propias debilidades.
El mimado jugador del Barcelona de España, lastimero exponente de un montaje mediático, acusa los síntomas de un problema subyacente: Messi vive las derrotas como tragedias que rayan en la farsa. La frustración, sentimientos de culpa ante sí mismo y su gente, sugestionable ante la crítica, la sensación de no ser equipo, la crisis económica de la AFA, arruinada económicamente e intervenida por la FIFA, son factores que explican su renuncia a la selección de su país.
¿Qué hay bajo la camiseta número 10?
Si las derrotas y renuncias de Messi hubieren acontecido en el Barcelona de España, otro fuera el cantar. El Equipo español en el que Messi es considerado privilegiado, paga un sueldo de 22,8 millones de euros al cebollita de Rosario y, luego de su derrota en EE.UU, el Barcelona decide que el crack rosarino percibirá un aumento del 72% en su salario cuando arranque la próxima temporada con el club catalán: Lío, desde el 1 de julio, cobrará 39.4 millones de euros netos.
En el frio mundo de los negocios deportivos no es de extrañar que Diego Maradona maneje argumentos reveladores para explicar una eventual manipulación de Messi y su escandalosa declaración de renuncia a la selección argentina: Para mí, para lo único que sirve esa declaración de Lio es para tapar todos los desastres que hay en el fútbol argentino. Le hacen poner la cara al pibe para tapar todos los desastres que hicieron en la AFA y hoy estemos hablando de él y no de ellos. Y para tapar, también, que perdimos dos finales consecutivas contra Chile. Y las perdimos, las dos. La verdad, a esta altura no le creo a nadie. Tengo la sensación de que lo mandaron: Andá y decí algo para salvarnos.
Al tenor de esa denuncia, todo adquiere mayor claridad. El legendario Diego se ganó la animosidad de la FIFA por hacer algo impensable, denunciar a los cuatro vientos a las altas esferas manejadoras del fútbol: esa banda de rufianes que había organizado al fútbol alrededor de cuatro letras, se comportaba como una mafia sonriente con todo el poder del mundo, sin oposición o control posible. Hoy, rebelarse contra la FIFA es prácticamente imposible si quieres patear balones de manera profesional. El organismo tiene impunidad para, por ejemplo, no pagar impuestos y derogar leyes vigentes en los países donde celebra sus torneos si estas afectan sus intereses económicos. Y esa es la organización que decide las vidas de chicos como Lionel Messi. La lucida denuncia de Maradona, da sentido a la carta que una maestra de Entre Ríos escribe a Messi: regresa por mis alumnos, por favor no renuncies, no les hagas creer que en este país solo importa ganar y ser primero.
El instrumento salvador del negocio futbolístico argentino acusa otras realidades bajo la camiseta: formar parte de los inversionistas en paraísos fiscales e integrar la lista de los Panama Papers. Según la prensa internacional, Leo Messi va camino de conseguir que su carrera como defraudador alcance la fama de sus extraordinarios méritos deportivos: La estrella del FC Barcelona sólo tardó unas horas en poner en marcha un nuevo entramado de fraude fiscal después de que la Agencia Tributaria española descubriera que había diseñado una red societaria para ocultar sus ingresos por derechos de imagen y evitar de ese modo los impuestos correspondientes que debía abonar a Hacienda. El 13 de junio de 2013, apenas un dia después de saberse que habia evdidop 4.1 mllones de euros, el jugador y su padre, Jorge Horacio Messi, utilizaron un despacho uruguayo para constituir una sociedad panameña con la que habrían seguido facturando sus derechos de imagen a espaldas de la Agencia Tributaria.
La prensa confirma que el descubrimiento de esta nueva sociedad controlada por Messi, se encuentra activa y ha logrado escapar, hasta ahora, de las inspecciones de las autoridades españolas, revelación que ha sido posible gracias a la investigación conjunta y exclusiva de El Confidencial y La Sexta. La familia Messi, niega los hechos imputados por la prensa internacional: Ante las noticias emitidas por distintos medios de comunicación en las que se atribuye a Lionel Messi la creación de una estructura societaria dirigida a poner en marcha un nuevo entramado de fraude fiscal, la familia Messi desea dejar claro que Lionel Messi no ha llevado a cabo ninguno de los actos que se le imputan en ella. Lo anterior es especialmente grave cuando se trata de imputar hechos delictivos tan serios como el fraude fiscal y el blanqueo de capitales, acarreando daños irreparables para Lionel Messi. En virtud de todo lo cual, la familia Messi ha dado instrucciones a sus actuales abogados del despacho Cuatrecasas Gonçalves Pereira para que analicen la eventual interposición de acciones legales contra los medios que han difundido esta noticia.
El mundo autista
Las conjeturas que lleven a desatar el nudo del dramón mediático protagonizado por Messi, motivaron declaraciones de Philip Butters, en Radio Capital de Argentina, quien al comentar el partido dijo que Messi tiene síndrome de asperger: Comparar a Messi con Maradona es una barbaridad. Messi tiene solamente una excusa para ser un aflojador: que tenga la condición natural que padecen las personas con Síndrome de Asperger. Nunca se ha confirmado médicamente si lo tiene. Es un síndrome que no es una enfermedad, es una condición, que muchas veces te aísla de la gente. Por eso Leo tiene esas reacciones como que se va del partido.
El síndrome de Asperger -según informes médicos- es un conjunto de problemas mentales y conductuales que forma parte de los trastornos del espectro autista. Se encuadra dentro de los trastornos generalizados del desarrollo. Quien lo padece tiene problemas para relacionarse con los demás y en ocasiones presentan comportamientos inadecuados: prefiere jugar sólo, tiene poca tolerancia a la frustración. Llora fácilmente por pequeños motivos. Muestra falta de sensibilidad a niveles bajos de dolor. Acusa dificultad para participar en deportes competitivos. A menudo no comprende la razón por la que se le riñe, se le critica o se le castiga. Es inocente socialmente, no sabe cómo actuar en una situación. A veces su conducta es inapropiada y puede parecer desafiante. Al paciente del Síndrome de Asperger le es difícil entender cómo debe portarse en una situación social determinada. No entiende los niveles apropiados de expresión afectiva y tiene dificultad para identificar sus sentimientos y expresa reacciones emocionales desproporcionadas.
Buscando una respuesta al drama Messi, el periodista argentino. Ernesto Morales, esboza un crudo retrato humano de la vida del futbolista: cuando lo conocí, era mucho más frágil de lo que imaginaba. Y detrás de la apariencia de fragilidad, Messi evidencia su verdadera personalidad ante la presión del jugoso negocio deportivo argentino e internacional que manipula su destino desde niño. Morales argumenta: La lectura del marketing podría ser esta: El mejor jugador del mundo dedica sus vacaciones a jugar fútbol para recaudar dinero con fines benéficos. La lectura un poco más profunda sería otra: Un chico que solo quería jugar al fútbol, debe cumplir también en sus vacaciones con obligaciones, sin descanso, porque la maquinaria de dinero, de publicidad, exige fundaciones como la suya, benéficas, para paliar los impuestos millonarios a sus ingresos. De repente debía ganar más dinero para que le quitaran menos de su dinero. Y del dinero de su padre. Y del dinero que le generan Adidas, y Head & Shoulders y Doritos y la retahíla de transnacionales que pagan por su imagen.
Y todo esto había empezado en un barrio humilde de Rosario, Argentina, veinte años atrás, con un chiquillo que solo quería jugar al fútbol. Morales indaga en los orígenes de ídolo. Messi no nació normal. Además de la deficiencia hormonal que le obligó a mudarse a Barcelona en su infancia para recibir tratamiento durante años, nació con una forma leve de autismo descubierta por el psiquiatra y pediatra austríaco Hans Asperger. Su síndrome de Asperger da para una concentración extraordinaria en un asunto (en su caso el fútbol), y para nada más. Los cerebros que controlan los hilos de su nombre y su marca y su cotización, empiezan en su padre y terminan, quién sabe, en una red de abogados y firmas donde cada cual saca su apetitosa tajada.
Messi, convertido en la ficha ganadora tenía que ser la estrella del circo y exhibirse como el gladiador del coliseo romano. Morales lo explica así: Alguien depositó en las neuronas de Lionel Messi una responsabilidad: tienes que ser el mejor de todos los tiempos. No basta con que juegues maravilloso. Tienes que ganar el Mundial, de lo contrario, no serás el mejor de todos los tiempos. Se lo exigía una legión de detractores que, crueles como somos los hinchas futboleros, emplea adjetivos mordaces y destructivos, adjetivos que vendrían bien a asesinos seriales o dictadores de pueblos, no a jóvenes que corren detrás de un balón. Se lo exigía yo. Sí, también se lo exigía yo mientras veía hoy el partido con mi hijo de seis meses sobre mis piernas. Admitámoslo: esto es grotesco. Esto es una mierda.
El día del triunfo de Chile tuve sentimientos encontrados. El país de la estrella solitaria se coronaba de gloria por sus propios méritos, sin contar que Messi había fallado. Un ídolo de barro veía desmoronarse su pedestal, mientras miraba el cielo en el momento de mandar el balón a las nubes en el penal de la derrota. Sentí lástima por él. Una tragedia real comenzaba a escribirse, como telón del fondo de la campaña interesada en opacar el triunfo de Chile. La tragedia y la farsa de esa industria de circo del negocio futbolero, descarnado e indolente, donde algunos futbolistas se han suicidado y a otros les explotó en la cancha el corazón.




