Un fantasma recorre el mundo: los riesgos de una economía en crisis. Un espectro que evoca el mal año 2008 y que amenaza este 2016, año par que según se cree suelen ser mejores que los impares. Rasgos análogos evidencian una debacle económica internacional con el ocaso de la economía china que golpea a los emergentes -como Brasil por una baja de ingresos asiáticos-, crisis deflacionista, conflictos regionales y burbujas financieras. Nuestras crudas economías petroleras tiene su propio drama: el derrumbe del precio internacional del barril a niveles dramáticos.
El descenso de la realidad económica planetaria comenzó con la caída bursátil del gigante chino, dinamizador del crecimiento mundial en la última década. Luego de una fuerte demanda de materias primas asiáticas, ésta comenzó a la baja a partir del 2014 en plena ralentización de su actividad industria. Expertos como Oliver Garnier de la Societé General, denomina a este suceso aterrizaje forzoso, un fenómeno caracterizado por un brusco bajón de los valores bursátiles como reflejo de un deterioro del sector servicios que sostiene a la economía asiática.
Otro de los fantasmas que deambula el mundo es la disminución del consumo familiar como impacto de “la brutal caída de la riqueza financiera”, según el Observatorio Francés de Coyunturas Económicas. Los países emergentes viven su affaire local. Ante los bajos intereses financieros de EE.UU y Europa, el dinero acudió a los paraísos bancarios latinos que se muestran más rendidores. No obstante, los países emergentes acusan la falta de recursos asiáticos, situación que los vuelve “inciertos” a los ojos de las potencias capitalistas.
Crisis petrolera
La causa del derrumbe petrolero es múltiple. La ralentización de la economía china, principal dinamizador de la actividad económica mundial de los últimos años, hizo disminuir su demanda energética, lo que impactó seriamente el volumen de ingresos de los productores de crudo. La caída del precio de los hidrocarburos se inició a principios del 2015 con un barril en $54,1 dólares, que en junio del mismo año subió a $55,7 para caer en julio a $44,5 y seguir el descenso hasta agosto a un precio de $35,7 el barril, según cifras oficiales. Las autoridades ecuatorianas, en la voz del mandatario Rafael Correa, atribuyen la caída de los precios del crudo a “factores geopolíticos” internacionales e impactan a una débil economía petrolera local que depende de un producto, cuyo costo producción por barril es de $39,0 y se lo vende hoy a menos de $ 20,0 dólares.
La pregunta clave es: a quién beneficia y a quién perjudica el bajo precio del petróleo. La respuesta es obvia, perjudica a los países antagónicos a los EE.UU –como Rusia- y, beneficia a la potencia del norte. EE.UU aumentó su producción con la implementación de técnicas no convencionales para la extracción de petróleo, como la fracturación hidráulica o fracking. El aumento de la producción norteamericana determinó una menor demanda de crudo de importación hacia los EE.UU que estimula la caída de los precios. Los analistas consideran que “los productores árabes buscaron hacerse del mercado asiático por ser la principal fuente de consumo de materias primas. No obstante, el aumento de la producción de crudo vino acompañado con un estancamiento económico mundial, sobre todo por las dudas que la economía China plantea para el escenario global”.
Las rivalidades geopolíticas son parte de la caída de los precios del crudo, puesto que los países más afectados por la baja en los precios se encuentran Rusia, Irán y Venezuela, competidores habituales de Arabia. Los expertos concluyen en que “nos encontramos en medio de una guerra de precios entre productores convencionales de petróleo, con Arabia Saudita al frente, en contra de los productores de petróleo no convencionales, particularmente norteamericanos que utilizan la técnica del fracking. Frente a este panorama, consideran “poco probable que veamos de nueva cuenta un precio del petróleo por encima de los cien dólares por barril”.
Los economistas hablan de “una fase recesiva” en un mundo que está “atravesando un ciclo económico bajo”. Ecuador acusa el golpe con un crecimiento del 0,3% anual, según la CEPAL y al 04% en la versión del BCE, es decir, el país se encuentra “entre los mínimos estimados” en el periodo crítico. La bonanza iniciada en el 2007, -como reacción del desastre económico de los años ochenta y noventa-, merma la situación actual. Según estudios del BCE, los ciclos económicos giran alrededor de tres a cuatro años, situación que se ha confirmado en el Ecuador. Para capear el temporal, amerita realizar ajustes económicos a nivel familiar, cuyo endeudamiento tiene que ser medido y manejado con mucha prudencia, priorizando los gastos. Un factor subjetivo es importante: el miedo genera incertidumbre y provoca mayor miedo. El fantasma que recorre el mundo, no debe amilanar la voluntad de vivir y superar los momentos difíciles que nos caracteriza a los seres de carne y hueso.



